Desde qué paradigma Sacristán define los componentes de las Ciencias de
la educación.
Analice la educación como objeto científico y abierto.
Gimeno Sacristán, apoya su teoría sobre el paradigma “crítico” de la
educación. Tomando como referencia los tres paradigmas desarrollados por
Popekwitz, podemos señalar que este paradigma, a diferencia del
empírico-analítico y del simbólico-hermenéutico, propone que la realidad se
compone de fenómenos sociales en lucha, como reflejo de un proceso histórico
atravesado por el conflicto. A su vez, el
investigador, ese un ser que se encuentra atravesado a su vez por esos
valores, y por ende, se encuentra involucrado en la teoría que describe, no de
un modo neutral y con pretendida objetividad, sino valorativamente, siendo
consciente del rol en el cual se encuentra inmerso. De este modo, la teoría
nunca será algo objetivo separado de la práctica, sino que se encuentran
necesariamente en una relación dialéctica, donde una ilumina a la otra en un
proceso de construcción: es la propia práctica de la educación la que va
creando el objeto educación.
De esta manera, señala el pedagogo español, que tanto el hombre como el
mundo están en proceso de construcción, que no son objetos cerrados, y por
ende, tampoco la educación lo será. Lo cual no hace que deje de ser el objeto
de una ciencia, sino que es coherente con el objeto de estudio de las ciencias
humanas.
El esquema de la ciencia de la educación tiene tres componentes claves:
la explicación, la normatividad y la utopía. La explicación es un componente
completamente necesario, pero no puede quedar la ciencia reducida a eso. Si lo
hiciere, estaría basándose únicamente en la función reproductora de la
educación, olvidando su función transformadora. La normatividad rige el proceso
educativo, ya que es elegida como la mejor posible. Pero siempre debe recordar que es la mejor
posible dentro de un abanico de posibilidades, no el reflejo de la única
realidad posible. Estos dos conceptos deben tener en cuenta que el método
elegido para la observación de un determinado objeto científico siempre está
mediado y filtrado por nuestra propia subjetividad, por nuestra formación, por
nuestro propio paradigma implícito.
El último componente, es la utopía. Sacristán hace énfasis en la
relevancia de este concepto, ya que es el que permite la innovación en la
educación. Es el elemento valorativo sobre el cual fundamos nuestra elección a
la hora del análisis, estrechamente relacionado con el conocimiento que
tendremos de ese objeto.
Es decir, la provisionalidad de conocimiento que tenemos es inexorable,
ya que nuestro objeto de estudio está abierto a la innovación, a los cambios,
siempre sujeto a la parcialidad de nuestro acceso a él, como sujetos en
construcción, subsumidos a nuestras propias experiencias y atravesados de
valores que nos trascienden. Eso no quita que la educación, como objeto abierto
y complejo, sea objeto de una ciencia ya que se ajusta a los parámetros de
cientificidad de las ciencias humanas (y no naturales, como pretende, desde el
paradigma empírico-analítico de raigambre positivista, Durkheim).
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